noviembre 21, 2019

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La abuela de la víctima de Canteras: «La cogió por los pelos, la sentó en el sofá y la acuchilló»

La abuela de la víctima de Canteras: «La cogió por los pelos, la sentó en el sofá y la acuchilló»

El juicio que se celebra desde este lunes en la Audiencia Provincial de Murcia contra Adrián S.C., el presunto asesino de su exnovia en Canteras, en septiembre de 2017, vivió en la mañana de este martes una sesión tremendamente dura y emotiva con el testimonio de varios familiares de la víctima, entre ellos sus padres y abuelos. Sus desgarradores relatos fueron seguidos con el corazón en un puño y en completo silencio por los asistentes a la vista oral, y por los propios integrantes del jurado popular, pues difícilmente podía nadie distanciarse del colosal sufrimiento que traslucían sus palabras.

Abrió la jornada José, el abuelo de la víctima, que fue testigo directo de la agresión, ya que acompañaba a su nieta cuando esta llegó a casa y se topó con el presunto asesino, que había entrado a través del balcón con ayuda de una escalera. «Ella subió a la planta superior y enseguida oímos gritos. Subimos y vimos a ese individuo con tres cuchillos. Lo primero que hice fue coger una silla para darle, pero mi mujer me pidió que llamara a la Policía. Empecé a llamar a todos sitios, llegó un vecino y cogimos unas porras o algo para ir arriba, pero ya había empujado a mi señora y no había forma de abrir la puerta», indicó al jurado José, el abuelo materno de Rosa María. «Solo oía gritos, gritos; se oían desde la calle. Gritos alarmantes. ¡Qué va a hacer una persona a la que le están pegando tantas puñaladas!».

Negó que el acusado fuera a buscar los cuchillos a la cocina. «Los llevaba ya cuando subimos. Los llevaba así, por delante, como si fuera un pistolero». A preguntas de la defensa, quien le inquirió sobre las razones por las que en su primera declaración había afirmado que Adrián S.C. tenía «doble personalidad», explicó que se lo había escuchado decir a una enfermera, en su día, «aunque ahora pienso que está mejor que yo».

Al término de su declaración, el abuelo de Rosa María se dirigió hacia el acusado y espetó: «¿Y este tío es que no puede levantar la vista, que le vea yo la cara?». El magistrado presidente tuvo que intervenir para que no se dirigiera al encausado.

Igualmente emotivas fueron las palabras pronunciadas por el padre de la víctima, Francisco José, a quien el juez José Luis García le ofreció sus condolencias. «Gracias», fue apenas capaz de responder, con la voz entrecortada. Rememorando a preguntas del fiscal la relación que Adrián tenia con su hija, afirmó que «estaba mal, porque se iba y la dejaba encerrada en la habitación bajo llave, le escupía, la maltrataba… Los padres de él eran conscientes de todo, porque vivían allí y jamás hicieron nada. Le hizo de todo. Al final hasta la violó, que me enteré porque se lo contó a mi mujer». Igualmente confirmó que en el tiempo que estuvieron viviendo en Canteras también la trataba mal. «Discutían, le gritaba y una vez lo sorprendí escupiéndole a mi hija. Adrián llegó a tener un cuchillo debajo de la almohada».

El hombre confirmó que, en tales circunstancias, fueron a buscar a su hija a Málaga y se la llevaron a Canteras. Adrián nunca lo asumió y solo buscaba que regresara a su lado. Coincidiendo con las fiestas de Carthagineses y Romanos, supieron que Adrián estaba en Cartagena y le dijo a Rosa María que esa noche no iba a salir, «porque este no ha venido a nada bueno». Fueron a poner una denuncia a la Guardia Civil y le dijeron que no se la podían coger, porque no estaban los especialistas en violencia doméstica. Tampoco aceptaron la petición de salir a buscar al exnovio o montar un operativo de vigilancia.

Al día siguiente sí pusieron la denuncia y reseñaron los mensajes amenazantes que constantemente le enviaba. «Siempre decía que si no era para él no sería para nadie», indicó. La Guardia Civil insistió en que no podía tomar medidas preventivas contra Adrián, «porque aun no ha hecho nada», y les dieron una tarjeta para que llamaran si ocurría algo.

El padre de la muchacha se echó a llorar cuando le enseñaron los cuchillos que sirvieron para dar muerte a Rosa María. Aseguro que el cuchillo jamonero no estaba en su casa. «El nuestro era más grande», manifestó, con lo que vino a confirmar que ese arma lo llevaba Adrián cuando llegó a la vivienda. «Nuestro cuchillo seguía en su sitio cuando todo ocurrió». Y siguió llorando cuando recordó que «era una chica muy buena, que nunca antes había conocido a otro chico, y que solo quería estudiar y siempre estaba en casa».

La madre de Rosa María, con la que compartía nombre, comenzó narrando cómo Adrián maltrataba a su hija en su propio domicilio. «A veces escuchaba cómo le decía gorda, puta, guarra… Yo hablaba con él y le decía que estaba en mi casa y que respetara a mi hija o se tendría que ir. Pero ella siempre lo perdonaba, porque estaba enamorada».

En ese momento se dirigió al acusado y le instó a mirarla. «¿Y tú que haces? No llores y levanta la cabeza». El magistrado tuvo que volver a intervenir. La mujer explicó que Adrián era «tremendamente celoso y que vejaba a su novia con acciones como escupirle en el desayuno cuando se enfadaba con ella por cualquier razón.

Cuando se fueron a Málaga, los presuntos malos tratos se agravaron, según su relato. «Los viernes se iba de juerga con sus amigos y la dejaba encerrada bajo llave en la casa». El día del crimen, la mujer confirmó que estaba hablando por teléfono móvil con Rosa María cuando esta entró a casa y subió al primer piso. «Vio los cristales en el suelo y dijo: Mamá, ¿qué ha pasado aquí que está todo hecho un desastre? Luego ya solo se oyeron gritos y se cortó la llamada», recordó entre lágrimas y sin dejar de removerse en la silla de los testigos.

A modo de ejemplo de los celos enfermizos que en apariencia sufría Adrián, indicó que un día en que su padre la ayudó a levantarse del suelo en el monte, porque se había caído, se enfadó tanto que retornó a casa andando, sin querer subirse al coche. Tampoco la dejaba ir a la universidad ni podía quedar con los compañeros para hacer un trabajo académico.

Rosa María, la madre de la víctima, reconoció que lo acompañó en su día a un psiquiatra, pero el especialista solo dijo que sufriera ansiedad. El abogado le preguntó si era cierto que iba tres veces por semana al centro de salud mental de Cartagena, como aseguró el acusado. «Eso es mentira», sostuvo, tajante. Sí admitió que en una ocasión amenazó con suicidarse y que se llegó a tomar un puñado de pastillas, por lo que tuvo que llevarlo al hospital. «No tiene ninguna enfermedad, solo tenía ansiedad», aseguró para responder al letrado de la defensa. Finalmente se quejó de que nadie la ayudó en aquellos tiempos y que incluso tuvo que limpiar la escena del crimen cuando por fin desprecintaron la vivienda con autorización judicial.

Antonia, abuela materna de la joven asesinada, declaró a través de videoconferencia y acompañada por una asistente para las víctimas de delitos. «Cuando llegamos a casa, mi nieta subió. Yo fui detrás de ella y estaba mi nieta sentada en el sofá, con mucha sangre. El estaba pegado a ella con los cuchillos en la mano. Le dije que qué había hecho. Ella me dijo que se estaba desangrando. Y él la cogió por el pelo y siguió apuñalándola. Al final me dio los cuchillos. Luego se abalanzó sobre mí y empezamos a pelearnos y me quitó los cuchillos. Me dijo que no llamara a la Policía porque si no la mataba. Me echó de allí y cerró la puerta. Ya no pudo volver a entrar. Solo la oía gritar. ¡Ay, ay, ay! Así».

La mujer aseguró que cuando vio a Adrián llevaba dos cuchillos en las manos y que había otro en el suelo. «No fue a la cocina a buscarlos», manifestó. El juicio proseguirá con las declaraciones de otros testigos, entre ellos varios vecinos, y de la madre del acusado.

FUENTE: LA VERDAD

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