Un camión cisterna de gas embiste a los manifestantes sobre un puente de Minneapolis

Un camión cisterna de gas embiste a los manifestantes sobre un puente de Minneapolis

Los disturbios de Minneapolis estuvieron a punto de convertirse ayer en una auténtica masacre cuando un camión cisterna cargado de combustible embistió contra una manifestación pacífica que se había congregado en unos de los principales puentes de la ciudad, sobre la interestatal 95. Milagrosamente, la masa de entre 5.000 y 6.000 se abrió y sólo hubo heridos leves.

Las bicicletas saltaron por los aires, los jóvenes rodaron, pero fue el grito de horror el que quedó en el ambiente. Algunos salieron corriendo en estampida, otros treparon hasta el camión y sacaron a rastras al conductor, identificado como Bogdan Vechirko, trabajador independiente de una compañía llamada KAG. Fue la policía, con un fuerte despliegue policial que incluyó tanquetas militares y gases lacrimógenos, la que impidió que la multitud linchase al conductor, contra el que se ha abierto una investigación policial sin que se sepa aún cuáles eran sus motivaciones.

Frente a la mano dura con que se trató a George Floyd, asesinado por el agente Dereck Chauvin hace justo una semana, el conductor de tez blanca recibió un trato exquisito y ni siquiera fue esposado, lo que agravó la ira de los manifestantes y la sensación de injusticia que reina en la ciudad. Con los brazos en alto, parados frente a las filas de antidisturbios que protegían el puente de la 35W, los manifestantes repetían los eventos ocurridos más de medio siglo antes en el puente de Selma (Alabama), que marcaron un hito en la lucha por los derechos civiles. En 1965 los patrulleros estatales les esperaban con las porras en el puente de Edmund Pettus para darles una brutal paliza que se cobró la vida de cuatro afroamericanos. Ayer, en Minneapolis, la policía y la Guardia Nacional disparaba latas de gases lacrimógenos y pelotas de goma contra los jóvenes, mayoritariamente blancos, que pedían pacíficamente justicia para Floyd y el fin de la brutalidad policial.

«Estaban rabiosos, se les veía la ira en los ojos, estos tipos necesitaban acción», contó magullado Scott Meyer, un neurocirujano que se sumó a la manifestación en bicicleta, sin imaginar que aquel ambiente festivo terminaría por convertirse en un verdadero infierno. Los agentes se cebaron con él uno tras de otro, rociándole la cara con gas pimienta, disparándole pelotas de goma y tirando su teléfono por el puente para que no pudiera grabarlos. Hasta que se enteraron de quién era y entonces le ofrecieron disculpas y quisieron ayudarle a recomponerse. «Esa es la gran hipocresía», admitió él. «Si yo hubiera sido negro estaría muerto y todas esas cámaras que lleva cada policía en el pecho hubieran desaparecido misteriosamente».

Muchos de los que seguían la consigna de «ejercitar su privilegio de blancos» para defender la causa de la justicia racial, como piden sus vecinos afroamericanos, se encontraron por primera vez con las porras de la policía y entendieron que «cuando le haces esto a la gente los llenas de rabia e impotencia que tienen que expresar de alguna manera», entendió por fin.

La policía de Minneapolis seguía anoche reprimiendo con dureza las protestas para retomar el control de la ciudad, en la que ayer no hubo nuevos incendios, pero ya no era la única. La de Nueva York le ganaba en número de arrestos, 345 ayer frente a los 155 de Minneapolis, con la particularidad de que incluían a la hija del alcalde, Chiara de Blasio, fruto de un matrimonio mixto, que se había sumado a las protestas por la justicia racial.

En Washington las cosas no estaban mejor, con las llamas engullendo dos iglesias históricas y el presidente recluido en el bunker de la Casa Blanca durante casi una hora. «LAW AND ORDER», pedía con mayúsculas en su cuenta de Twitter. «FAKE NEWS». Toda la Guardia Nacional del país está ya activada y nadie sabe si será suficiente para contener tanta ira acumulada.

FUENTE: LA VERDAD

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